ME EQUIVOQUÉ Y POR ELLO PIDO DISCULPAS

Mis mas sinceras disculpas y mi mas sentido reconocimiento por el error cometido, por mi osadía al escribir el otro día sobre alguien a quien mi mente corriente, mi discernir vulgar de andar por casa no llega comprender. Si, hablo de J.Antonio Jimenez, al que el otro día, mea culpa, critiqué por escribir esto: “Como entrenador, tras su pasó por el otrora Barcelona Atlético, qué vamos a decir. Que nunca un técnico había sido capaz de sacarle un mayor rendimiento a tanto talento. Tiene mérito, porque para ganarlo todo no ha sido necesario gastarse demasiado dinero. Para que me entiendan, la plantilla de los seis títulos costó menos que los 25 pupilos que tiene a su disposición Goyo Manzano”. Corto de mi, pobre de mi y por supuesto osado de mi. Lo primero que tenía que haber hecho este cateto que os escribe es intentar entender un escrito que a simple vista parece una cosa pero analizado desde el punto de vista de la excelencia literaria, de la alta escuela poética del sur, de la fina ironía Sevillana y de la mas lujosa orfebrería de la palabra, no es mas que una certeza como él mismo, gracias por rebajarse a explicarnos a los mas mundanos, aclara en un artículo hoy mismo. “Ahora que está tan de moda hablar fichajes raros, el de Alexis Ruano por el Sevilla es uno de esos que chirrían. Porque, visto lo visto, cualquier futbolista del filial podría aportar más que el costasoleño. Y costando más barato. Vuelvo a lo escrito la semana pasada, que tanta repercusión tuvo en determinados cenáculos. La plantilla del Sevilla es más cara que la del Barcelona, por lo que costaron los futbolistas y los beneficios generados por cada uno de ellos. No se puede pagar tanto por un profesional que no marca diferencias. Que nunca llegará a ser lo que prometía”. De nuevo presentarle mis disculpas, mi arrepentimiento y por supuesto agradecerle que alguien como usted, el Maradona de la retórica, el Diestefano de la lírica, el Cruyff de la Metáfora, el Kanouté de la fina ironía, se haya molestado en bajar hasta los confines de los que pegamos patadas a las letras para explicarnos su artículo.

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