¿ Un Sevilla cola de León o cabeza de Ratón?

“El Sevilla será lo que su dirigencia proyecte que sea”

La reforma del Ramón Sánchez Pizjuán como fin para consolidar un modelo de crecimiento social, económico y deportivo

De los errores se aprende, o eso dicen aun cuando hay quienes porfían en el error durante mucho tiempo o hasta que es demasiado tarde. En el caso del Sevilla Fútbol Club que a todos, querido lector, nos atañe,postulo en el siguiente texto unas pautas que a mi entender deben sostener un modelo de crecimiento para nuestro Sevilla diferente del que ha venido manteniendo primero e intentando sostener durante la última década. Equivocadamente o no, pues no me arrogo la exclusiva del conocimiento, están formuladas desde la mejor de las intenciones y desde la máxima humildad.

Mi objetivo es el de aportar una idea principal y otras subyacentes que abran un debate sevillista que contribuya a engrandecer a nuestro querido club.

Se generan desde el Sevilla que conozco y que he analizado con las pinceladas necesarias para que sea comprensible para todos sin entrar en complicados vericuetos. Fundamentalmente insistiré en la grandeza deportiva de una entidad que ha finalizado entre los seis primeros del país en 32 de las 70 temporadas que ha disputado en la Liga de Primera División, la principal competición a la que se suma en segundo lugar la Copa de España que ha aportado otro gran porcentaje de la gloria sevillista.

¿UN SEVILLA COLA DE LEÓN O CABEZA DE RATÓN? (I)

EL GRAN SEVILLA DESDE 1935 HASTA 1957: VEINTE TEMPORADAS

Me remontaré unas décadas en el tiempo, tantas como ocho o nueve para que puedan compendiar los 86 años transcurridos desde que Ramón Sánchez Pizjuán fuera asumiendo galones en el Sevilla. Corría 1928 cuando se formuló la compra de los terrenos de Nervión bajo el mando de quien fuera un magnífico presidente, el barón de Gracia Real. Desde entonces, se adscribe ese lar a nuestro club. Una época en la que definitivamente fenecía el amateurismo y se instalaba el profesionalismo, cuestión que supo ver e interpretar correctamente D. Ramón.

Él sentó las bases de un Sevilla que, aparte de campeonar eternamente en Andalucía, cuando se creó la Liga regular tardó en ascender a la primera categoría unos años, pero lo hizo. Y que posteriormente consolidado en ella, alcanzó laureles de campeón hasta en cuatro ocasiones entre Liga y Copa y estuvo cerca de hacerlo en otras cinco más. No siempre figuró Ramón Sánchez Pizjuán como presidente de la entidad cuando sus capitanes levantaban los títulos, pero estaba “ahí” en un ejercicio de ubicuidad con sus funciones como directivo de la Federación Española en Madrid. Al margen de estas consideraciones, también organizó la moderna administración de un club que –valga la redundancia- siempre fue el mejor organizado de Andalucía con una brutal diferencia respecto del resto lo que favoreció entonces, como casi en todo momento, el tener una masa social que siente al club como suyo más allá de su configuración jurídica y dispuesta a participar en él.

Ciñéndonos al análisis que nos ocupa, desde 1934 en que ascendió a Primera hasta 1957 en que muere Ramón Sánchez Pizjuán transcurren 23 años cuya medida futbolera es la de 20 temporadas obviando, como es natural, los tres años de atroz Guerra Civil en la que no se disputa competición que merezca el nombre de tal.

En esas 20 temporadas, el Sevilla FC se clasificó entre los seis primeros en 16 ocasiones, siendo tan solo superado por FC Barcelona (18) y Athletic (17), dejando atrás a R. Madrid y Valencia CF (ambos con 15) y A. Madrid (13). La paradoja se encuentra en que, por ejemplo, el Sevilla FC conquistó una Liga y quedó subcampeón en cuatro ocasiones, mientras que el A. Madrid ganó 4 ligas y quedó en una ocasión como segundo.

Para darnos un reflejo fiel de lo que significa esa ocupación de las seis primeras plazas mayoritariamente por esos seis clubes, el dato de que el siguiente en figurar en ellas es el Real Oviedo, que lo hizo en siete ocasiones, apenas la mitad que el peor de los seis “grandes”.

En esos 20 años, el Sevilla FC queda 20 veces entre los 10 primeros, siendo tan solo igualado por el Athletic. Ningún otro equipo lo hizo.

Idea de la grandeza de aquel Sevilla lo corrobora el hecho de que, tras 20 temporadas de competición, las diferencias con sus rivales nacionales son ínfimas: el Sevilla es el sexto equipo de España en ese tiempo, y el primero, el FC Barcelona, tan solo lo aventaja en 69 puntos al cabo de ese período y tras la disputa de 532 partidos, logrando apenas 30 victorias más que los sevillistas y ni un centenar de goles más.

Son las seis más importantes instituciones deportivas del país por su masa de seguidores. Entonces no existía el fenómeno televisivo, casi todos los ingresos procedían de las cuotas de socios y de los taquillajes, luego Ramón Sánchez Pizjuán lo vio claro: espectáculo + masa = grandes presupuestos. El siguiente paso, pues, fue la construcción de un nuevo y gran estadio.

La historia es bien conocida, los problemas que ocasionó la edificación del Ramón Sánchez Pizjuán una vez fallecido el eterno presidente y sus elevados y disparados costes como consecuencia del error en los estudios sobre su cimentación. Su construcción supuso la pérdida de aquel gran equipo al no bastar las aportaciones consignadas por la afición y haber de venderse a las figuras del plantel sevillista que quedó desmembrado.

Lo cierto y verdad, es que Ramón Sánchez Pizjuán no se equivocó. En aquellos años, todos los grandes equipos se lanzaron a la construcción de gigantescos estadios.

Así el Real Madrid usaba el Viejo Chamartín, con capacidad para 15.000 espectadores y en 1947 inaugura el Nuevo Chamartín con un aforo para 75.000 personas que en 1954 amplía hasta los 125.000 tomando al año siguiente el nombre de Santiago Bernabéu; por su parte, el FC Barcelona tenía como predio al estadio de Las Corts, que comenzó con un aforo de 30.000 localidades que el club catalán amplió hasta las 60.000 mediado el siglo para en 1957 inaugurar el Nou Camp con capacidad para 93.000 espectadores que llegarían a convertirse en 120.000.

En un menor nivel, el Athletic de Bilbao aumenta el aforo de San Mamés desde las 9.500 localidades de los años 20 hasta las 48.000 que alcanza en 1953; el Valencia CF hace pasar la capacidad del estadio de Mestalla desde las 27.500 personas que podía albergar en los años 30 a las 45.500 que alcanza en los años 50.

El Sevilla se embarca en el ambicioso proyecto de un nuevo estadio que sustituya al viejo Nervión que con 20.000 localidades de aforo se quedaba pequeño para un club tan grande. Se proyecta un estadio con capacidad para 75.000 personas en competencia con los de R. Madrid (75.000) y FC Barcelona (93.000), aunque con el desplome de la economía sevillista se inauguraría a finales de los 50 con una capacidad de 50.000 espectadores, alcanzando los 77.000 en su terminación ya en la década de los 70.

Fue una época futbolística en España que culminaba con un principio que pudiéramos llamar como el de “grandes equipos, grandes estadios”. La afición fue la base del crecimiento de esos equipos.

El resto estaba muy lejos, se produjo una quiebra. Observemos cuál es la clasificación general de aquellas dos décadas futboleras (cuadro nº 4):

¿UN SEVILLA COLA DE LEÓN O CABEZA DE RATÓN? (II)

EL GRAN SEVILLA DESDE 2002 HASTA 2014: TRECE TEMPORADAS

Hubieron de pasar décadas, período en la memoria de todos, para atisbar otro gran Sevilla FC. Nos situamos ya en el segundo lustro de los presentes siglo y milenio. El Sevilla FC, tras 58 años de sequía, rompe su mal fario y se hace de un nuevo gran trofeo, en este caso el primero de los internacionales que van poblando las vitrinas sevillistas. Hoy, 13 años después del último ascenso, el Sevilla FC aparece nuevamente consolidado entre los grandes.

En este período de trece temporadas podemos comprender la grandeza de la institución comprobando como se sitúa cuarta entre los clubes que han quedado más veces entre los seis primeros (en diez ocasiones -> cuadro nº 5) tras Barcelona, Madrid y Valencia y quinta entre los puestos séptimo al décimo (cuadro nº 6).                                

En el global de estas trece temporadas, el Sevilla junto a Madrid, Barcelona y Valencia es de los únicos cuatro equipos que se clasifica todos los años entre los diez primeros (cuadro nº 7).

Igualmente se comprueba la magnitud de lo realizado observando la clasificación general desde la temporada 2001-02 hasta la recientemente concluida 2013-14 (cuadro nº 8).

Con José María del Nido al frente de la institución, ésta sale de su letargo y empieza una fase de crecimiento sostenido desde 2002 hasta 2007, acaparando en quince primeros meses cinco títulos.

En esta ocasión, el principal sostén económico del crecimiento del club se fundamenta en los ingresos televisivos acompañado por la venta de grandes jugadores que se inserta en una política de adquisición de futbolistas con gran potencial de revalorización merced a una gran labor de la dirección deportiva de la institución.

El Sevilla FC que asciende de la mano de la terna Roberto Alés-Monchi- Caparrós en 2001 con 17 millones de euros de presupuesto, agigantará su tamaño para que en 2010-11 dicho presupuesto alcance un volumen cercano a los 115 millones de euros, lo sextuplica en menos de una década.

Sin embargo, y a mi juicio, a partir de 2007 se incurre en un grave error: la presión económica sobre el abonado sevillista bajo la falacia de “el Sevilla será lo que los sevillistas quieran que sea” adjudicando a dicha expresión el significado de “si los sevillistas ponen más dinero el Sevilla será más grande”.

Si a raíz del ascenso y durante un lapso relativamente breve la afición, a través de los abonados y taquillajes, había sido uno de los pilares de la economía del club, en una entidad que aumenta su tamaño temporada tras temporada, el peso específico de los ingresos económicos que aporta la afición sevillista decae progresivamente, pues 16 millones de euros en abonos no suponen apenas más que una séptima parte del presupuesto de la entidad en 2010.

Las personas responsables de esa parcela, sin embargo, no dudan en exprimir la gallina de los huevos de oro y los abonos y entradas alcanzan unos precios prohibitivos que marcan el cenit del tamaño social de la entidad que poco a poco inicia un declive que se ha prolongado casi hasta la fecha, pues un Sevilla que no dejó de ganar títulos (2010) aunque los espació más en el tiempo, pierde nada menos que 12.000 abonados fruto de una desastrosa política que tan solo se corrige –parcialmente- con el abaratamiento de precios producido para la campaña 2013-14 en la que, sin embargo, se comete la tropelía de la eliminación de los abonos infantiles.

El error, bajo mi apreciación, es claro: la afición –salvo fuerza de causa mayor- no puede ser el sostén económico de la entidad, aunque sí influirá en que cuanto mayor sea su volumen, más ingresos producirá por otras vías que la entidad debe rentabilizar: televisión y marketing. Un equipo que presenta llenos y grandes entradas en su estadio atrae más a las televisiones, un lleno apoyando a un gran plantel influye en la consecución de buenos resultados y todo junto forma una pescadilla que se muerde la cola en este caso, en el buen sentido de la expresión.

El gran Sevilla que conquista tres títulos en la temporada 2006-07 (Supercopa de Europa, UEFA en Glasgow y Copa del Rey en  Madrid) no es capaz de alcanzar un solo lleno en el Ramón Sánchez Pizjuán a lo largo de tan gloriosa temporada. Se superan los 40.000 abonados pero el Sevilla FC se manifiesta incapaz de conseguir más socios ni tampoco de vender más de un millar de localidades en los partidos más importantes. La razón se encuentra única y exclusivamente en el precio de los abonos y de dichas entradas, pues ninguno de los grandes encuentros ligueros se juega en lunes o viernes ni los domingos a las doce de la mañana ni con tempestades.

La gallina de los huevos de oro dice: basta

José María del Nido, artífice de ese gran Sevilla, porfía -sin embargo y a pesar de muchas recomendaciones- en el error: los precios se incrementan aún más, se exprime al sevillismo para mantener el nivel de recaudación cuando desciende el  número de socios, se persigue el resultado y no se ataca el mal de raíz. Desde 2007 hasta 2014 el Sevilla pierde abonados todas las temporadas.

El culmen de esta nefasta política social se alcanza hace unos meses cuando el anterior director de marketing y encargado de esta faceta, Manuel Vizcaíno, suprime el abono infantil.

De nada, absolutamente de nada, sirve ejecutar la acertada política de “Sácale partido al cole”, si en 2013 y 2014, 7 y 8 años después de la conquista en Eindhoven que junto a los títulos que llegaron en los quince meses posteriores encandila a decenas de miles de niños de 3-4-5-6 años (cuyo sentimiento de adscripción deportiva no está consolidado cuando con 13-15 años sí se convierte en irreversible) y que ahora tienen de 10 a 14 años, no tuvieron carné infantil en la temporada pasada.

Esos niños, dentro de 4-5 años serán o comenzarán a ser abonados adultos del Sevilla FC, pero si están desenganchados durante ese período, se estará desaprovechando una oportunidad de dominar socialmente de manera abrumadora a esta ciudad y a su entorno metropolitano que supera ampliamente el millón de habitantes.

Ahora se presenta una nueva oportunidad, tanto por el presumible inicio de un nuevo ciclo expansivo del Sevilla como por el empecinamiento de otro club en precipitarse al vacío, propiciando que la leve mayoría sevillista en la ciudad pueda resquebrajar esa frontera y emplazar de nuevo a una década de futuro para lograr una amplia mayoría social que hay que consolidar y multiplicar de manera ineludible de forma que resulte incontestable como ya lo fue en el pasado.

Un Sevilla cola de león, no cabeza de ratón (III)

El objetivo deportivo del Sevilla FC en la próxima década debe ser el de clasificarse entre los seis primeros en todas las ocasiones (hablo de objetivo), no en vano será incluso dificultoso encontrar más de cinco presupuestos superiores a los de nuestro club. Y perseguir que tres, cuatro o cinco de esas clasificaciones puedan serlo para la competición continental de mayor rango y que sepamos romper nuestro techo de octavos de final en su actual configuración como Liga de Campeones.

Esa fortaleza deportiva que lo convertirán –de seguir así- en el sexto club de España rebasando en breve plazo al Español, debe acompañarse en el plano social de todo tipo de medidas –sin medias tintas- que refuercen el predominio social sevillista habida cuenta de que faltan tan solo 3-5 años para que esa oleada de infantes cautivados por los espectáculos de Eindhoven, Mónaco, Glasgow, Madrid por dos veces y Barcelona, engrosen las filas de los abonados sevillistas. Máxime cuando esas oleadas se verán reforzadas poco después por las que son testigos del presumible nuevo ciclo expansivo en el ámbito deportivo de la entidad (Turín, Cardiff y futuro).

Sería imperdonable que la absoluta supremacía deportiva no se vea correspondida por la social por no haber articulado los medios necesarios para ello.

Una ruptura del equilibrio que hoy existe con una leve mayoría sevillista, conducirá a la llegada de nuevos patrocinadores en los que se aunarán tanto su carácter no regionalista, sino marcadamente internacional habida cuenta de la presencia del club en las grandes competiciones continentales de forma habitual, así como la constatación de que incluso a nivel local no hay problemas en convertir al Sevilla en el principal de sus patrocinados.

Esos patrocinadores, de la mano de los derechos televisivos propios de un equipo de envergadura, deben sostener el 50 o el 60% del esfuerzo del gran proyecto que el Sevilla FC debe acometer durante la próxima década: la modernización del estadio Ramón Sánchez Pizjuán.

El Sevilla debe optar por convertirse en “cola de león” del fútbol europeo y establecer sus objetivos deportivos en la competencia que encontrará en clubes como Valencia, Atlético o Athletic, Benfica, Borussia Dortmund o Nápoles. La alternativa es la de configurarse como un ¿brillante? “cabeza de ratón” respecto a Español, Zaragoza, R. Sociedad, Deportivo, Betis, Celta, etc.

El club ha de saber elaborar un proyecto realista, no faraónico y que implique a los sevillistas, que sea una meta común como otras que hemos tenido en nuestra historia, ampliando previa o simultáneamente su masa social y convertir al Ramón Sánchez Pizjuán en un estadio “cinco estrellas” capaz de albergar finales europeas (de UEL) y de Copa, así como otros partidos internacionales.

Hoy en día, desgraciadamente, nuestro estadio se encuentra muy lejos de optar a esa calificación y nos hemos limitado a parchear –como se intuye seguiremos haciendo- o a presentar, como única alternativa, un faraónico y ya fantasmagórico proyecto de reforma por importe de ¡¡150 millones de euros!! Cantidad con la que se ha levantado el nuevo San Mamés, un cinco estrellas; mientras que el Español ha construido un moderno estadio por menos de 90 millones de euros y la Real Sociedad debate si construir uno nuevo o no.

Desgraciadamente el Sevilla no goza del encubierto o sinvergonzón apoyo de las administraciones que a través de gigantescas ayudas permiten las mudanzas de Atlético de Madrid (de un Calderón que ya es un cinco estrellas con 54.000 localidades) a la Peineta, con cinco estrellas y 70.000 localidades; del Valencia del antiguo Mestalla (54.000) al nuevo, cinco estrellas con aforo para más de 60.000 personas; y del Athletic, del viejo San Mamés (38.000) al nuevo, siendo cinco estrellas y con 47.000 localidades ampliables a 53.000.

La obligación del nuevo consejo de administración del Sevilla FC es articular un proyecto deportivo y social que ilusione al sevillismo, y ha de pasar obligatoriamente por la mejora de su casa compaginando la economía con la consolidación deportiva entre los grandes del país y la nobleza europea. El aspecto económico significa el estudio de una remodelación funcional y ajustada a precio para que sea viable sin necesidad de ampliar la capacidad, sino de mejorar la comodidad. Sin ser técnico en la materia, no creo que una profunda remodelación del estadio supere los 70 u 80 millones de euros de presupuesto, y una sociedad como el Sevilla FC para quien implica el presupuesto medio de un año, debe de poder planteárselo y abordarlo.

La primera obligación es llenar el actual estadio o facultar los medios para que ello sea posible. No hablo de conformarnos con lo actual. Competimos con otros rivales en la propia ciudad o en ciudades próximas y para crecer es a ellos a quienes debemos robarles clientela con acciones programáticas planificadas y sostenidas a lo largo del tiempo. Actualmente no existe fútbol de Primera a menos de 200 kilómetros de Sevilla (140 si asciende el Córdoba). Una entidad grande debe planificar la atracción de nuevos clientes y mantener la fidelidad de los que ya posee, es la única manera de crecer y de no estancarse.

El fruto no se verá en una temporada ni en dos, acaso en un lustro, pero será perceptible finalmente como se comprueba hoy en día en los colegios sevillanos con la chavalería que tiene entre 13 y 16 años.

La primera medida que debe estudiar la institución es la rehabilitación del carné para abonados infantiles así como el posiblemente abaratamiento de los abonos de adulto a pesar de la reducción de la temporada pasada. El argumento que ofrezco se aleja de expresiones como “lo nuestro tiene un valor del que otros carecen” o de “sí, y que los regalen”.

Se basa en que estamos ante la obligación y la oportunidad de aumentar la masa social del Sevilla FC, y ese imperativo –no se puede entender de otra forma o como mero deseo- obliga a disputar cada cliente en cada centímetro de espacio. Si clubes de nivel inferior a quienes disputaremos la masa social no durante una temporada, sino siempre, sitúan sus abonos más baratos en la franja de los 120-140 €, el Sevilla deberá situarlos en la de 150-170 €.

En la temporada 2013-14 hemos tenido 33.000 abonados y unos ingresos de 7,5 M €. El objetivo para la 2014-15 debe ser el aproximarnos a los 40.000 abonados aunque los ingresos apenas se incrementen, muy lejos de ese 21% en que lo haría la masa social. Si finalmente quedan 4-5.000 localidades no ocupadas por los abonados, que su precio –respetando a aquellos- sea realmente asequible, algo inviable con entradas a 25 o 30 euros o más para asientos de gol.

Si el objetivo social en el plan de crecimiento es el de alcanzar en Liga entradas cercanas al lleno y convertir al Sevilla en una marca aún más atractiva para las televisiones por dicha circunstancia, Europa no puede quedar al margen. Teniendo en cuenta los horarios y demás, el Sevilla debería dedicar serios y profundos esfuerzos para estudiar una política de abonos y entradas para encuentros europeos que eviten asistencias de 32.000 personas para unas semifinales UEL.

Al abonado hay que ofrecerle servicios que hoy posibilita la tecnología y que redunden en una mayor prestación de estos y en un aumento de las comodidades, pero no se puede obviar que uno de los principales factores a la hora de adquirir un producto es su precio, sobre todo en época de crisis y máxime en la particular situación socioeconómica del entorno geográfico que abastece al Sevilla FC de su masa social.

Un abaratamiento del acceso al estadio junto a una atractiva propuesta para incrementar el gasto en su interior de forma que repercuta en los ingresos de la entidad es una política muy a tener en cuenta.

En resumen

El Sevilla Fútbol Club debe analizar, plantear y construir un proyecto que marque la política de la entidad a largo plazo bajo el prisma del incremento de su masa social de tal forma que conduzca a una reforma del estadio, pieza insustituible para mantener un Sevilla poderoso y con una imagen atractiva dentro y fuera. Un esfuerzo que implicará a su afición y que acercará a patrocinadores atraídos por dicha imagen y su repercusión dentro y fuera de nuestro mercado.

Para ello debe recurrir a todos los instrumentos comerciales a su alcance, existentes y por diseñar: desde el precio de abonos y entradas hasta nuevos servicios y productos.

En juego está la consolidación definitiva de un Sevilla entre los grandes hoy como cola de león dejando al margen la posibilidad de un club que sea cabeza de ratón.