Habla bien, habla andalú

Existe, entre los que tenemos al castellano como lengua materna, un mito que me hace mucha gracia porque es una verdadera tontería. Hablo del convencimiento generalizado de que nuestro idioma es el único que se habla igual que se escribe, aseveración que esconde un chauvinismo exacerbado y que no puede estar más lejos de la realidad.

Si usted que lee esto es de los que piensa de ese modo, por favor, no se ofenda. No es esa mi intención. En absoluto. Pero déjeme decirle que está en un error. No es nuestro idioma el único que se habla igual que se escribe. De hecho, todos los idiomas se hablan igual que se escriben. Una palabra hablada en cualquier idioma no es más que la asociación de un concepto a una sucesión de sonidos. Si usted dice “mesa” en castellano, utiliza dos sonidos (dos sílabas) para referirse a un objeto. Y alguien que lo haga en inglés utilizará unos sonidos diferentes para decir lo mismo. Así ocurre en todos los idiomas.

Por otro lado, una palabra escrita en cualquier idioma no es otra cosa que la asociación de un concepto con unos signos gráficos. Y para cerrar el círculo, una palabra leída es la asociación de unos sonidos con esos signos gráficos. A modo de ejemplo, si yo dibujo el sígno gráfico “i”, el sonido asociado en castellano lo sabemos todos. Pero en inglés, a ese signo gráfico se le asocia un sonido distinto (en concreto “ai”). Para ellos, esa letra se lee de una forma. Para nosotros, de otra. Ellos “hablan” esa letra igual que la escriben. Nosotros también. La diferencia es que, en su idioma, la asociación signo gráfico – sonido es diferente que en el nuestro.

Ahí va otro ejemplo. La “ch”. Todos sabemos cual es el sonido asociado en castellano a esas dos letras juntas. En alemán, sin embargo, el sonido es parecido a nuestra jota. Así, la palabra “Trochowski” en castellano se pronuncia como sabemos, y en alemán es “Trojoski”. ¿Quién pronuncia como escribe? ¿Nosotros? ¿Por qué? ¿Por qué el sonido correcto para el signo gráfico “ch” es el nosotros le damos y no el que le dan los alemanes? Si el castellano fuese el único idioma que se habla igual que se escribe, todo el mundo lo leería a la perfección. Pero eso no es así. ¿Por qué? Pues porque cada uno lee asociando a los signos gráficos el sonido correspondiente en su idioma.

En castellano tenemos un signo gráfico único: la “ñ”. Sin embargo, en otros idiomas utilizan otras grafías para definir el mismo sonido. Los franceses, por ejemplo, utilizan la combinación “gn” para asociarla al sonido de nuestra ñ. De hecho, “español” en francés es “espagnol”. En otros idiomas también tienen grafías únicas. En polaco tienen la “ł” que en castellano no existe y que se pronuncia como nuestra “v”. Así, su moneda oficial antes que el euro era el “złoty”, que en polaco se pronuncia algo así como “esvoti”. En la propia España, todos decimos “Girona” pronunciando la “g” como una “y”. Incluso, hay quienes se hacen la picha un lío, como cuando Lopera se refirió a Lérida como “Yérida”, pero en fin. Esa es otra historia. Distintas asociaciones sonoras a la misma grafía, e incluso distintas grafías para iguales sonidos. Cada idioma es un mundo y cada idioma, según sus reglas, se escribe igual que se habla.

Para entender esto, no hace falta irse al extranjero y aprender otras lenguas. Basta con ser andaluz. Nosotros hacemos con el castellano justo esto de lo que estoy hablando. Nosotros asociamos sonidos a signos gráficos de un modo distinto a otros castellano – parlantes. Nosotros no hablamos mal, como piensan muchos de Despeñaperros para arriba. Hablamos diferente. Es lo que se llama un “dialecto” del idioma. Y no es el andaluz el único, como podemos ver en la imagen adjunta (pinchar para ver mejor). Ni siquiera el andaluz es uniforme, sino que hay subdialectos dentro del dialecto (hay zonas en las que se cecea, otras en las que se sesea, la forma de hablar en Córdoba es muy distinta a la sevillana o la almeriense, incluso hay muchísima diferenciación entre zonas rurales y zonas urbanas, etc.). Eso, en la península. Si nos vamos a América, el número de dialectos del castellano es enorme. Y todos tienen una cosa en común: tratándose del mismo idioma, se produce una asociación diferente entre signos gráficos y sonidos a la hora de leerlos y pronunciarlos.

Hace poco, una amiga de mi mujer, originaria de La Rioja, nos recomendaba enseñar a nuestro hijo a hablar bien el castellano para que así no se equivocara luego a la hora de escribirlo. Y me maté con ella (como diría Del Nido). Este tipo de comentarios me sacan de quicio porque quien los dice no es más que un ignorante tratando de dar lecciones. Y tienen tan interiorizado el argumento de que el castellano es el único idioma que se escribe igual que se habla que son prácticamente imposibles de convencer de que están en un error. Con mi mujer (que es leonesa) me costó años, aunque acabó por comprenderlo y ahora me defiende en estas disputas. Y a esta chica de la que hablo conseguí más o menos hacerle ver algo a partir de que me dijo que hablaba francés.

En francés, (igual que en andaluz) el plural no se pronuncia (pero sí se escribe), a no ser que la siguiente palabra comience por vocal, en cuyo caso sí se hace y se une la “s” del plural con dicha vocal. Por ejemplo, “coche” en francés se escribe “voiture” y se pronuncia (más o menos) “voatig”. En plural es “voitures”, pero se pronuncia igual. “Los coches azules” se escribe “Les voitures bleues” y se pronuncia (insisto, más o menos) “le voatig blé”. Sin embargo “los coches naranjas” sería “les voitures oranges” y se pronuncia “le voatiges-oganch”.

Esto hizo reflexionar a la chica en cuestión, pero no se bajó del burro y replicó que el francés es el francés, ante lo que mi respuesta fue evidente: “Y el andalú es el andalú: un dialecto que asocia a los mismos signos gráficos un sonido diferente que el castellano”.

Cuando alguien les diga que en Andalucía hablamos mal, sepan que, una de dos: o está queriendo ofender, o es un ignorante. En Andalucía se habla diferente. Como digo, a los mismos signos gráficos se les asocia sonidos distintos que en castellano. No es ni mejor ni peor. Es un dialecto de un idioma matriz y los que hablan dicho dialecto es como si hablaran una lengua diferente. A mí, por ejemplo, me cuesta menos hablar en inglés que en castellano puro. El inglés me sale de forma natural porque lo tuve que utilizar para vivir durante una buena temporada. El castellano puro, sin embargo, no. Yo soy capaz de hablar castellano puro, pero me sale forzado, lento, casi tartamudeando, porque tengo que estar todo el rato pensando cómo se pronuncia esto o aquello. Supongo que a cualquier andaluz que no haya hecho intensivos cursos de dicción le pasará lo mismo.

Y esto no es óbice para que sepamos escribir bien. Nuestro dialecto, nuestro “idioma”, se escribe igual que el castellano, pero se pronuncia diferente. Damos distintos sonidos al mismo “dibujo”, pero eso no quiere decir que no sepamos plasmar en un papel dicho “dibujo”. Un andaluz que no sabe escribir es un ignorante, pero no por ser andaluz, sino por no saber escribir. Y eso le puede pasar a un andaluz, a un inglés, a un armenio e incluso a un madrileño (madrilegno en francés). Esto hay que saberlo y llevarlo con naturalidad. Es más, hasta con orgullo. Es parte de nuestra cultura, no un signo de incultura. No pasa nada por que un niño hable andaluz. No seamos idiotas. Al menos no tanto como un amigo mío que, de niño, se quiso poner tan propio que, en vez de escribir “azotea”, puso “soteda” el muy gilipollas. Le suspendieron, claro. Por “fino”. O el clásico “bacalado de Bilbado”. Eso sí que es ser un ignorante.

Al final, por la diferente influencia paterna y materna, mi hijo acabará hablando con una especie de mezcla de acentos, de manera que aquí le dirán que habla muy bien el castellano, y en León, que vaya acento andaluz que tiene. Pero sabrá escribir bien porque de eso me encargaré yo, y también el profesor que le toque en el colegio. Igual que escribe bien mi mujer y cualquier persona con un mínimo de cultura en cualquier parte del mundo.