El fútbol es un estilo de vida. Es sentimiento. Es pasión. Por regla general el amor a unos colores, un escudo y una bandera son la base y el porqué de una afición. En teoría, y digo en teoría porque hoy no se asemeja mucho a la realidad de un campo de fútbol, la hermosura de ir a animar a tu equipo arropado por 30.000 personas que comparten tu mismo sentimiento, debería de ser toda una experiencia. Sin embargo, en los últimos años y en unos partidos más que en otros, esa entretenida tarde de domingo se puede volver desagradable y hasta peligrosa.

Imagen: elboomeran.com
La sociedad ha cambiado. Ahora, en muchas ocasiones, la libertad se ha confundido con el libertinaje. Todo vale y todo está permitido porque el fútbol acalora. Así pues, hablar sobre tu equipo últimamente puede pasar de ser una entretenida charla a estar regida por insultos e incluso agresiones. En el fútbol se han perdido los límites, y se ha olvidado lo que es escuchar una opinión, no compartirla y aún así respetarla. Y todo ello no es más que un problema, en gran parte, de cultura y educación.
Si bien es cierto que, por suerte, no todos somos así ni mucho menos la mayoría; sí ocurre que los que lideran este tipo de comportamiento hacen mucho ruido. El problema real de todo eso, para mi humilde opinión, radica en que lejos de resolverse tiende a hacerse cada vez mayor. Como aficionada al fútbol desde que tengo uso de razón y como maestra desde hace 9 años, no puedo dejar de analizar la situación y mirar más allá. Y ahí está el verdadero problema.
Si a la evolución natural (a veces positiva y otras no tanto) que acompaña a cada generación, sumamos cómo se está viviendo el fútbol en la actualidad, tenemos una mezcla explosiva. El aprendizaje más significativo es el que se interioriza de forma natural a través de la experiencia. Y esto es así en las edades infantiles y en la vejez también: “la experiencia es un grado”. Los adultos, no debemos olvidar que una de las formas más inmediatas que tiene los niños de representar, experimentar y, por tanto, aprender a cómo moverse en el grupo social al que pertenecen con la finalidad de poder ser una parte activa y participativa del mismo, es a través de la imitación. Por tanto y que nadie piense lo contrario, nosotros somos sus modelos. ¿Qué puede aprender hoy día un niño en un campo de fútbol? ¿Qué comportamiento podrá adquirir? ¿Qué normas de convivencia? Si cada vez que un niño o niña acude a un campo de fútbol con su padre, o al bar, o en el salón de su casa para ver un partido de fútbol, en lugar de impregnarse de emoción, intriga, convicción y respeto solo oye insultos, gritos, gestos despectivos y demás… ¿qué pensáis que hará ese niño o niña cuando se haga mayor y vaya al fútbol con sus amigos?
Sé que muchos pensaréis que eso dependerá mucho de cada niño/niña o que es un problema de educación familiar. Y en ambos casos os daría la razón. Pero el poder de aprendizaje y adaptación que tiene el grupo social sobre el ser humano alcanza límites insospechados. Y eso debemos tenerlo siempre presente. Por el fútbol, por el espectáculo, por la sociedad y por nuestro futuro.
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