Por José Manuel García-Otero
Seamos serios: ¿Hay alguien por aquí convencido de que Mariano Rajoy no va a ser el próximo presidente del Gobierno de España? Lo será y por una amplia mayoría, que puede que se acerque a la que consiguiera Felipe González hace casi treinta años.

Con una diferencia: ahora España se encuentra entre tinieblas, cada españolito vive el día pensando que el siguiente día será peor y se siente rehén de unas cuentas que él no ha escrito; también vive pensando que quizás mañana le toque sentir sobre su cuello la fría y afilada espada del paro. Rajoy lo sabe y yo no quiero que me cuente otras gaitas.
Este malvado bipartidismo al que los españoles estamos encadenados no permite o consiente nada más que eso. Rajoy será presidente. Lo será por varias razones, porque la demagogia de su discurso es más llevadera que la de su contrincante. Rubalcaba no habla de paro en su carta a los electores, sino de desempleo, un término más liviano y más de puntillas. Rubalcaba habla de ideas para encarar el problema, y de seguir apostando por una sanidad pública y por una educación pública. No habla de parados, de los cinco millones y un pico de parados que habitan en esta España que puede que no le vote.
En una entrevista al diario El Mundo, Mariano Rajoy dice: “Dialogaré y seré valiente porque hay que tomar decisiones”. Es un buen titular, la frase me gusta pero también me da miedo, porque hasta ahora los políticos, de una acera o de otra, suelen meter el cuchillo de los ajustes en la parte más blanda y sensible del cuerpo del Estado: en la ciudadanía. Hasta ahora, las decisiones, esa dinamita que nos sonríe y nos tritura, horadaron el bolsillo de los españolitos, jóvenes y mayores, esos que ahora ven un escaparate como el que ve un extraterrestre y vuelven a sentir esa terrible sensación de un nuevo golpe en el mentón. Donde más duele.
No sé, pero tengo la sensación de que estos tiempos tan duros auspician otros más duros todavía, y eso no me gusta. Rajoy sabe muy bien (lo ha escrito a los electores) que en este país hay cinco millones largos de hombres y mujeres en el paro y que ése es el problema. Encararlo es su deber. Solucionarlo es su obligación.












