¿Para qué sirve la ONU? ¿Alguien me puede decir el grado de efectividad real de la ONU (Organización de Naciones Unidas)? El máximo organismo federal del mundo tiene el regio deber de ser el juez que dirima y resuelva un conflicto entre las naciones del planeta; si apareciese algún país díscolo, sancionaría. Se le podría caer el pelo. Pero no suele suceder; es más, nunca sucede.
La ONU la organizaron las potencias vencedoras tras la Segunda Guerra Mundial. Es decir, Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y Francia. No formaba parte del club China, que por aquel entonces andaba con la revolución cultural de Mao. Pero el ping-pong y los encantos del neón capitalista sedujeron a los chinos, que terminaron entrando en el redil de las naciones, cuya sede central se encuentra en Nueva York. Ocurrió en 1971.
El Consejo de Seguridad, el organismo de la ONU encargado de mantener la paz y la seguridad en el mundo, lo forman 15 naciones, 10 eventuales y 5 permanentes. Estos cinco, EEUU, Rusia, China, Inglaterra y Francia, tienen derecho a veto. Si existe un conflicto que arroja sangre e injusticia, el Consejo de Seguridad se reúne. Pero la esperada condena jamás aparecerá, quedará en papel mojado, en risa sorda, porque uno solo de los miembros, el que sea, se levantará y vetará la resolución condenatoria, que todos a casa, que llegamos tarde a la final de la Super Bowl o al concierto de piano de un primo de Tchaikovsky.
El conflicto palestino, con decenas de muertos, nunca termina de resolverse, porque los miembros del poderoso lobby judío estadounidense lo impiden. Son los Amos del Universo. Y jamás dejarán que los palestinos de Gaza o Cisjordania salgan de su ghetto.
Pero la ONU también mira a otra parte con los desmanes de Siria, cuyo dictador, Bashar Al Assad, el amigo de los rusos, amontona muertos con una macabra serenidad, sin que el resto de las naciones pueda hacer otra cosa que retirar embajadores o asistir a una comilona de sordos y ciegos.
No pasará nada en la ONU. Se reirán algunos, los aplausos se agarrarán al viento y llorarán los de siempre. Los poderosos seguirán sentados en sus poltronas, escucharán el crujir de los huesos y correrán manantiales de sangre de los inocentes. La bandera de la ONU le guiñará un ojo al río Hudson y escucharemos apretones de manos. Todos firmes, desfila la hipocresía.
Fdo. José Manuel García-Otero.












