Dicen que cada persona es un mundo y en ese gran universo de risas, llantos, amores y odios, se fabrica el camino. Cuando abres los ojos cada día, un cosquilleo invisible invade tu cuerpo: otro día al pie del abismo, un amanecer más montado en esa máquina llamada codicia que todo lo destruye. Somos personas, tenemos corazón, pero tropezamos demasiadas veces. Vivimos.












